Los labios rojo carmín, una falda corta gris que comenzó siendo blanca, la camisa negra y unos zapatos de tacón . Eran las doce de la noche y volvía a casa, como de costumbre, sola. Caminaba despacio y escuchando música. El sonido de sus pisadas retumbaba por toda la calle oscura con apenas unas pocas luces bastante tenues. Su silueta se enmarcaba al pasar por debajo de cada farola, era muy bella y sin embargo, la única persona que ocupaba su corazón era la única persona que jamás se había fijado en ella. La música se apagó de repente, las luces con ella. Y al igual que todo, su corazón murió en el mismo momento que el desapareció. Ahora solo quedan las huellas de aquel amor, en aquella calle donde todo con ella se esfumó.

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